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23-06-2017
bikecracia

Y llegó ella. La opinión de Miquel López-Egea

A nivel profesional el ciclismo femenino en nuestro país tiene mucho potencial. Tenemos a grandes chicas en el pelotón profesional y, en la montaña, hay ciclistas a las que se les augura un gran futuro. Por otro lado, a nivel amateur, cada día tenemos las carreteras y las marchas más llenas de chicas y la mayoría de las organizaciones se desviven para que todavía haya más. Realmente son muy buenas noticias. Este año además, les acompaña el nacimiento de Doménica, la primera tienda exclusiva para la mujer. El futuro dirá si han acertado pero, en los tiempos que corren, la especialización es la salida viable para los negocios. Esto es solo el comienzo de una nueva era para nuestro ciclismo. Todo está cambiando en estos tiempos confusos y estos cambios también pasan por la mujer.

A nivel femenino, y en general, cuanto más ciclistas haya, más crecerá el sector. Hay que esponsorizar, crear carreras, dar más ayudas y reclamar apoyo institucional en todos los sentidos: la administración debe intervenir. Tiene que haber también un trabajo por parte de las federaciones y hay que fomentar la cantera. Repito: más y más carreras. De momento ha habido muy poco dinero destinado para ellas y esto no es sostenible. Ahora, en 2017, ya no hay excusas.

Nuestro sector tiene que escuchar bien la demanda. Hemos superado la fase del color rosa y los estampados cutres. Hay que tener productos específicos igual que en el sector masculino, variedad, disponibilidad de productos, buenos vestidores y saber escuchar y asesorar bien. Apostar por la mujer es un negocio seguro, hay que atreverse y tener lo que ella necesita. Lástima que no se haya hecho antes.

Queda muchísimo camino por recorrer, es verdad, tanto en el ámbito del ciclismo femenino como en el del masculino. Para que todo esto mejore a nivel nacional y en el resto de Europa, no se puede tolerar lo que ha estado ocurriendo en los últimos meses en lo que a atropellos se refiere. Muchas mentalidades masculinas y femeninas tienen que cambiar. Y lo mismo ocurre en las trampas para los ciclistas en la montaña. Cuando no es A, es B. Pero esto se arreglará. Hay que transmitir un mensaje entre todos los y las practicantes: ¡No tenemos miedo!

El ciclismo femenino tiene el mismo futuro que el masculino. Todos lo sabemos y todos nos enfrentamos a los mismos problemas. Pero habrá grandes avances. Y la mujer revolucionará este mercado. Por fin, este ya no es un mundo de hombres.

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