• Opinión
  • 10 de Sep, 2019

Opinión: La fría apuesta del patrocinio

Por Pol Figueras, Jefe de Redacción

Los presupuestos siempre son un asunto complejo. Lo son en el Congreso, cuando reformamos la casa y en los departamentos de cada empresa. Pero si de todos los departamentos hay una área cuyo presupuesto se manifiesta como su propio tendón de Aquiles, ésta es de la de comunicación y marketing. Aún es común ver marcas de ciclismo que no apuestan suficiente por la comunicación, que no le dan la oportunidad a estar bien presentes en Internet o a tener una representación apropiada en los medios. Tanto la comunicación como el marketing -en especial la primera- aportan a las empresas unos valores intangibles que resultan ser complicados de medir económicamente y, como el ROI no siempre se puede demostrar, muchas veces se conforman con estar en un segundo plano.

Pero ya sean un par de miles de euros o una centena, el sector del Bike es lo suficientemente complejo como para malbaratar recursos financieros y, por lo tanto, cuando una marca decide invertir en un sponsor o en un patrocinio, debe de verificar previamente con exactitud si la inversión merece la pena. Patrocinar un equipo o convertirse en sponsor de un evento eran acciones de marketing fáciles e incluso accesibles para muchas marcas. Ahora, con el boom efervescente de Internet y de las redes, han aparecido los influencers. Y, por desgracia o no, esta plaga ha llegado también al ciclismo.

Los influencers del ciclismo los podríamos definir como frikis o amantes de la bicicleta: les encanta salir a pedalear, participar en grandes marchas, tienen un alto conocimiento tanto de mecánica como del mercado, etc. Pero, seguramente, su principal defecto es que toda su esencia se desvanece si no tienen una cámara grabando a su lado. Y precisamente dicha cámara es la que provoca que, cuando el botón rojo se encienda, de la boca solo les salgan gilipolleces.

"Las marcas que le apoyan ni se merecen ni se pueden permitir patrocinar a un tío que sale en un vídeo oliendo unas bragas"

Recientemente las redes se inundaron de una polémica surgida de un influencer que, viendo como los números no le salían siendo profesional, se pasó a la vida del pseudociclista y ahora se gana la vida haciendo videos bastante chorras. La verdad es que la grabación que desató el controvertido debate entre los admiradores y los haters del susodicho influencer es bochornosa y las marcas que le apoyan ni se merecen ni se pueden permitir patrocinar a un tío que sale en un vídeo oliendo unas bragas. Personalmente, creo que es de una injusticia tremenda porqué pone de entredicho la entidad, la historia y el prestigiosa de dos grandes marcas del sector Bike, una de ellas con casi 180 años de recorrido.

De hecho, a nivel profesional, como periodista, y personal, como amante del ciclismo, me llegan continuamente comentarios del tipo “yo a esta marca no la contemplo a la hora de comprar una bicicleta porqué patrocina a Fulanito”. Y esta valoración la comparto y me la llevo a mi terreno como cliente. Porque lo que no quiere la gente es, cuando compre a una marca en concreto, que su dinero alimente a un pseudociclista para seguir haciendo el mono delante de una cámara. Y lo que realmente prefiere es que su dinero se invierta en mejorar el producto o en un buen servicio técnico, e incluso a patrocinar las grandes estrellas del ciclismo -como la marca en cuestión hizo en su momento con el equipo Euskaltel Euskadi- o ayudar a los jóvenes promesas a seguir creciendo en nuestro deporte.

En definitiva, muchos aficionados al ciclismo y al deporte en general se sienten constantemente molestos con este tipo de vídeos, ya que dan una imagen sesgada del ciclismo y de los valores que representa. Este nuevo tipo de contenidos audiovisuales se caracterizan por contener un lenguaje vulgar, chulería, prepotencia, mentiras y puro espectáculo falso. El ciclismo no se entiende de otra manera que no sea con el respeto (a tí, a tu equipo, a los rivales y a los aficionados), la superación, el sacrificio, el trabajo, la dedicación y la vocación. Tanto en la competición como fuera de ella. Y muchas marcas deberían replantearse su estrategia de patrocinio y ayudas deportivas. Porque las risitas de hoy se convertirán en llantos mañana

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