EDITORIAL

Una paradoja

Albert Puyuelo28/02/2026
“… allí existe una cultura commuting que en el sur de Europa no tenemos, y que choca muy fuerte con nuestro ciclismo de ocio.”
Foto: Barcelona. Autor: Albert Puyuelo

Foto: Barcelona. Autor: Albert Puyuelo

Hace unos meses, estuve pedaleando por Girona con un ciclista alemán. Íbamos por carretera y, como es habitual, nos adelantaban muchos coches. Hubo un momento en que el ciclista, sorprendido, me preguntó “¿Cómo es que aquí los conductores de coches no se vuelven locos con las bicis?”. Él llevaba rato observando que muchos coches se paraban detrás nuestro y esperaban el momento propicio para adelantar. Al principio le daba miedo, porque pensaba que buscaban confrontación. Pero luego se dio cuenta de que, incluso lejos de zonas urbanas, los conductores se comportaban con un respeto absoluto con los ciclistas. O al menos, desde su punto de vista.

Por mi parte, lo sorprendente fue descubrir que en Alemania suele pasar lo contrario, que los conductores de vehículos pasan a pocos centímetros de los ciclistas (a menos que vayan por carriles bicis) y que suelen dar bocinazos para alertar o para asustar, así como es habitual oír insultos proferidos desde la ventanilla. Entiendo que Alemania es la meca del automóvil y de su industria, y que los coches y sus marcas son casi sagrados. Por lo tanto, las bicis son simples herejes cuando pisan la carretera. Sin embargo, y aquí viene lo importante, el ciclismo urbano funciona muy bien y se vende mucho mejor que en España. Existe una cultura commuting que en el sur de Europa no tenemos, y que choca muy fuerte con nuestro ciclismo de ocio.

Hace poco leí un artículo en un importante diario catalán donde su autor se quejaba de que había mucha inseguridad por culpa de tanta bicicleta y patinete circulando. Que vivíamos con miedo y más argumentos del estilo. Por ejemplo, decía que “se ha priorizado a una ínfima minoría que viaja en patinete, en bici eléctrica o repartiendo paquetes sobre dos ruedas”. Y, además, sus palabras se sustentaban con el barómetro del RACC sobre los peatones. La mayoría de titulares referentes a este estudio destacaban el ‘estrés’ que sufren a diario los peatones barceloneses o el miedo que estos tienen para cruzar un carril bici. Si os parece bien, dejo como recordatorio que esta es una asociación de automóviles. Vaya. Sí, de coches.

Llevamos años esperando a que el ciclismo urbano funcione como en el resto de Europa, que se venda igual en el mercado y que el uso diario sea parecido. Se han implementado muchas medidas y facilidades para que se consolide de una vez, pero las cifras de ventas no son tan buenas como quisiéramos. Nos queda mucho para que el ciclismo urbano se acepte completamente, aunque no es de extrañar, con mentalidades retrógradas que se enfadan cada vez que ven circular una bici. Mientras parte de la sociedad perciba así el ciclismo, costará avanzar. Nos quieren hacer creer que el ciclismo es algo salvaje y peligroso, que debería estar todavía más controlado.

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