Que las inteligencias artificiales suponen un peligro y, a su vez, una ventaja... es una evidencia. Que todo el mundo dice esto, pero sigue usándolas indiscriminadamente… es un hecho. Muchas personas utilizan la IA para absolutamente todo: desde cómo se debe pelar una fruta hasta pedir la creación de un documento de trabajo muy concreto. Pero hay algunos ámbitos en los que la consulta a la IA debería usarse de forma mucho más contenida. Por ejemplo, en el de la salud. Las prescripciones médicas deberían hacerla solo los profesionales. Según un estudio realizado por Aegon Seguros, casi un 40% de personas se automedica cuando se trata de síntomas leves. A pesar de que debería ser obligatoria una supervisión médica, la comodidad de preguntar a un bot es más fuerte que la de hacer llamadas, que te pongan en espera y luego te den un diagnóstico.
En el ámbito deportivo, el uso de asistentes basados en Inteligencia Artificial es cada vez más frecuente. Programar entrenamientos es una buena manera de planificar la semana cuando no eres un profesional y quieres mejorar tu rendimiento. Y aquí viene la pregunta, ¿es peligroso auto-entrenar con un bot de IA? Obviamente no es lo mismo que hacer prescripciones médicas a través del ChatGPT, pero da miedo que estos asistentes virtuales acaben recomendando complementos nutricionales o medicamentos tan solo porque han extraído la información de algún post en un blog o en una red social, por poner algún ejemplo.
No todo el mundo tiene acceso – económico, sobre todo – a un entrenador personal real para gestionar los entrenos en bici. Entrenadores personales como NUA, que son capaces de predecir, entender y mejorar, hacen que sea cada vez más difícil defender la figura del entrenador real. ¿Sería posible entrenar de forma eficiente sin la intervención humana directa? Pues depende del nivel que tengamos y de lo que queramos alcanzar.
Un sistema puede analizar cargas, prever fatiga o ajustar planes de entrenamiento con alta precisión. Pero jamás ‘sentirá’ el esfuerzo, ni interpretará el sufrimiento competitivo, ni entenderá el contexto vital del deportista más allá de los datos que se le proporcionan. Por mi propia experiencia con aplicaciones de análisis del sueño, por ejemplo, sé que se trata de herramientas muy buenas pero que son orientativas. A veces me dice que he dormido de maravilla, pero yo no me siento recuperado. O me dice que estoy muy cansado y luego salgo a entrenar y rindo mejor que otro día. Hay sensaciones y elementos que están fuera del alcance de las máquinas. Es decir, la IA puede acercarse al comportamiento humano, pero no lo experimenta.
Para los entrenadores profesionales, la IA es una herramienta impresionante para gestionar estadísticas y programar todo lo necesario. Para el ciclista no profesional, es un complemento ideal, pero que debería usarse con moderación y sensatez. Hay que vigilar cuando damos nuestra información y también ir con cuidado con el uso que le damos. Podemos mejorar muchos retos que nos propongamos, pero recordemos que la IA solo debería ser una muleta para ayudarnos en cosas concretas. Que luego no nos quitemos la muleta y resulte que ya no sabemos caminar.

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