• bikecracia
  • 19 de Nov, 2020

Artículo de opinión: "Control y demonización de la bici", por Albert Puyuelo

"Control y demonización de la bici", por Albert Puyuelo

Los ciclistas se están convirtiendo en seres privilegiados, pensarán algunos. Pueden circular libremente sin necesidad de llevar mascarilla y, encima, con cara de felicidad todo el rato. Los de carretera van en grupo y los de montaña suelen meterse por lugares poco transitados, como si estuvieran huyendo de alguna cosa. En la mayoría de ciudades, ciclistas de todas las edades han empezado a ver las ventajas de ir sobre dos ruedas. En tiempos de pandemia, las restricciones parecen no afectar prácticamente a ningún colectivo ciclista.

Es por todo ello – y otros factores - que el mercado del ciclismo este año está en otro nivel, a pesar de la crisis mundial, e incluso hay una larga cola de espera para obtener muchos productos. Pero, en consecuencia, también estamos empezando a vivir una masificación de algunas rutas ciclistas habituales. Muchas carreteras acaban con los laterales llenos de ciclistas los fines de semana y la mayoría de pistas forestales reciben la visita de un número de BTTs o gravels que jamás antes se había visto.

Con el cierre de bares, toques de queda y nuevas restricciones que los políticos van improvisando mes tras mes, la sociedad está realizando sin pausa un “bautismo”  de nuevos ciclistas. Son personas que, seguramente, jamás hubiesen cogido una bicicleta para suplir su tiempo de ocio pero que acaban por plantarse ante una tienda de ciclismo y preguntar por la bici que mejor se adapte a su perfil. Por ello, las gravel o las e-Bikes aparecen como una gran opción para llenar esos nichos que antes estaban en blanco.

A pesar de que no debería haber ningún problema, el éxito siempre trae consigo un precio a pagar. Un efecto negativo evidente es la demonización creciente hacia el ciclista. No toda la población ha asumido como es debido las particularidades de la necesidad de transporte, el ocio controlado y los peligros derivados de un espacio vial mal gestionado. Hay pequeños colectivos o algunas personas que se empiezan a mostrar reacias al boom ciclista.

Propietarios de fincas que se quejan porque redes sociales de ciclismo han descubierto una ruta o segmento que antes nadie usaba, que pasa por delante de su hogar y que ahora muchos utilizan. Urbanitas que no pueden aparcar sus vehículos motorizados e invaden carriles bici. Peatones que se asustan ante ciclistas o patinetes que aparecen de golpe y por todas partes… todo ello son hechos constatables, y en Internet se pueden encontrar un sinfín de grabaciones de estas situaciones. Accidentes, intervenciones policiales o ciclistas que graban con Go-Pro las infracciones de otros. No todos los ciclistas son buenos ciudadanos ni todos los conductores son ejemplares. Así que de ejemplos negativos es fácil encontrarlos en cualquier bando. Sin embargo, el problema está aquí, en el hecho de tener que hablar de bandos. La polarización es cada vez más evidente.

Furgonetas aparcadas invadiendo el carril bici, camiones de la mudanza aposentados donde no deben, y ciclistas que tienen que esquivarlos como sea para seguir circulando. Es un cúmulo de situaciones que va in crescendo. Incluso hay grupos de “anti-invasores”, ciclistas que graban todo el día su ruta y que luego cuelgan en las redes cualquier infracción que hayan visto por parte de invasores de carriles bici. En algunos casos, hay ciclistas que increpan o persiguen a conductores que hayan cometido algún presunto delito. En las redes sociales, obviamente, se pueden encontrar muchos vídeos así, de ciudadanos actuando como si fueran policías. Sin embargo, tampoco tienen alternativa: grabar en vídeo y publicarlo en redes sirve como ejemplo para otros conductores y también para proceder con una denuncia si fuera necesario.

Entremedio de todo este aparente caos, parece claro que falta una mejoría de la educación vial, así como de alternativas para los conductores que realmente necesiten estacionar su vehículo. Esto es así en las grandes ciudades, pero también hay municipios que no dejan que las bicicletas de montaña circulen por algunos de sus senderos y varios GRs. ¿Con qué objetivo? ¿Proteger a los que salen a buscar setas? Se entiende que algunos caminos deben protegerse, pero en ciertos municipios las prohibiciones no tienen demasiado sentido.

El siguiente paso es difícil de escoger. Está claro que tenemos una sociedad con más salud. Los pedales solo pueden aportar ventajas, y este debería ser el punto de partida. Demonizar al ciclista provocará que este odie al conductor de vehículos, y viceversa. Prohibir o quitar alternativas a los conductores no ayuda a una buena convivencia. En estos tiempos de pandemia, deberíamos tener todos más paciencia con los demás y dejar que las cosas vuelvan a su sitio en lugar de imponerlas individualmente.

Albert Puyuelo Roca, redactor de Tradebike.

Si quieres compartir...