• road bike
  • 16 de May, 2019

Terra de Remences no defrauda: una clásica más allá del ciclismo

El pasado 12 de mayo se celebró una nueva edición de la Terra de Remences. El Club Ciclista Bas volvió a dar lo mejor de sí un año más con la organización de la marcha más emblemática: la Terra de Remences, con un total de 3.000 ciclistas que salieron de la bucólica localidad de Sant Esteve d’en Bas a las ocho de la mañana. Para los que somos de la zona, Remences es mucho más que una marcha. Es una referencia, un reto donde todo empieza y una prueba en la que, una vez eres finisher, obtienes el carné de cicloturista. Además es un orgullo ver como año tras año las carreteras de las comarcas gerundenses de la Garrotxa y el Ripollès se llenan de ciclistas que tienen como único objetivo disfrutar al máximo de una pasión común. Para la organización es un mérito y no es en vano, ya que su minucioso cuidado por el territorio y por los participantes se convierte en una inversión que obtiene un justo retorno.

El ambiente antes de la prueba es de los más bonitos de todas las marchas cicloturistas similares. Este año el clima nos respetó y, aunque la jornada amaneció con una tímida niebla, poco a poco el día se fue despejando para dar entrada a un sol que acompañó a los participantes durante todo el día. Finalmente, con dorsales ya puestos y un pequeño calentamiento para que el cuerpo entrase en calor, se dio el pistoletazo de salida que indicó el inicio de la prueba.

El recorrido es una gozada. Ambas versiones. Recordamos que el itinerario corto es de 98 km con 1.250 metros de desnivel y el largo es de 175 km Y 2.750 m. Los primeros 90 kilómetros son compartidos, en una vuelta circular que separa a los corredores de la marcha corta y la larga antes de la llegada de meta o de enfilar Bracons. De Sant Esteve d’en Bas los participantes marchan hacia Olot y en apenas 20 kilómetros empieza la primera subida de la jornada, el Coll de Capsacosta de primera categoría que, si bien no tiene un porcentaje ni desniveles de alto voltaje, es largo. Allí se van formando los primeros pelotones, los que desfilaran hacia Ripoll, ciudad en la que empieza el segundo puerto de la jornada y último para los de la marcha corta, el Coll de Canes de segundo categoría. Una subida sin complicaciones, que se puede hacer a plato si haces la corta y en la que tienes que reservarte un poco si luego continuas. Una vez coronas, descenso también muy rápido hacia Olot, una pequeña vuelta por carreteras sinuosas y meta para los de la corta.

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Sin embargo, para los más valientes, el infierno los espera. Un infierno con nombre: Coll de Bracons. Un puerto exigente, con pendientes cuyo porcentaje es más que notable, con apenas descansos, y donde después de los 100 kilómetros, aparecen los primeros golpes de riñón para superar algunos tramos. Una verdadera prueba de fuego para las piernas de los que han elegido completar Remences a lo grande. Una vez coronado Bracons, descenso largo para carreteras que enlazarán hacia la última subida, el Coll de Condreu que, como Canes, es largo y tendido. Será el último esfuerzo del día ya que, una vez arriba, solo queda bajar hacia Sant Esteve d’en Bas y cruzar la meta.

Como aspectos a destacar, afortunadamente ya viene siendo costumbre en los últimos años, el número de participantes del género femenino está creciendo y dando vida a los pelotones, motivo por el cual sentimos orgullo y demuestra que este deporte está creciendo, no solamente desde el punto de vista económico sino también desde un punto de vista social. Edición tras edición, la organización llega en pocos días a los 3.000 participantes, y siguen mostrando su intención de no aumentar el número de participantes para así poder dar un servicio de calidad y de gran seguridad como bien han demostrado durante estos últimos 22 años.

También resaltar el servicio post marcha, en la que un gran ejército de voluntarios -que encuentras durante toda la marcha ayudando a los participantes en el recorrido- de todas las edades, miman a los participantes con una amplia oferta de embutidos de la zona, pasta fresca o yogures, así como todo tipo de refrigerios. Finalmente, no nos queremos olvidar de los patrocinadores, indispensables para que el trascurso de la marcha año tras año, en especial de los compañeros de Vic Sports y de una de sus marcas insignia, PowerBar, de la que todos los participantes reciben varios productos como obsequio. Al término de la marcha, como ya es costumbre, se celebró también la entrega de trofeos y premios para los participantes de menor y mayor edad y clubes con más participantes.

Fotos: Quieromisfotos.com

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