• urban bike
  • 30 de Abr, 2020

Opinión: "El empujón final", por Pablo Velat

Es un hecho que la bicicleta urbana nunca ha acabado de despegar en España, sin embargo, mirando a un futuro cercano, se puede dibujar un panorama más esperanzador para el ciclismo.

El Covid-19 ha paralizado nuestras vidas, está cambiando nuestros hábitos y, evidentemente, nada será igual después de la pandemia en muchas facetas de nuestra vida cotidiana. En la actual situación, todo hace indicar que evitar aglomeraciones de personas será una obligación gubernamental, pero también, es probable que exista un posible sentimiento de rechazo por parte de los mismos ciudadanos por compartir espacios cerrados. En este sentido, se vislumbra una batalla entre el transporte colectivo y el individual: surge un nuevo paradigma.

En la actual situación, todo hace indicar que evitar aglomeraciones de personas será una obligación gubernamental, pero también, es probable que exista un posible sentimiento de rechazo por parte de los mismos ciudadanos por compartir espacios cerrados.

Las dudas de salubridad y la necesidad de mantener una distancia mínima de seguridad, ponen en jaque el uso del transporte público colectivo. Y es aquí donde entra en escena la gran oportunidad para las bicicletas, siempre y cuando, España lo facilite. Ciudades como Berlín o Milán son un ejemplo a seguir. Han rediseñado temporalmente algunas avenidas y calles para aumentar el tráfico en bicicleta.

Tampoco puede negarse que al margen de contar cada día con más carriles bici y con un futuro esperanzador, hay puntos calientes a resolver como son los robos. El aparcamiento seguro, en una gran ciudad, es un déficit muy presente en España.

El gobierno debe permitir y facilitar el uso de las bicicletas así como invertir en infraestructura, las marcas y las tiendas especializadas pueden promocionar sus productos y dar facilidades de pagos en el momento de la compra.

Quién también tiene mucho que decir y que aportar es la industria ciclista. Las marcas tienen una doble oportunidad. A corto plazo, si realizan una buena promoción y activación de las bicis urbanas, pueden recuperar en términos económicos uno de los peores años en ventas. A largo plazo, pueden consolidar las ventas en un modelo de bicis que a día de hoy está muy lejos de las e-bikes, las bicis de montaña, carretera o gravel…

Parece que ha llegado el momento donde todos hemos de poner nuestro granito de arena y dar el último empujón para que la bici urbana sea una realidad presente y consumada. El gobierno debe permitir y facilitar el uso de las bicicletas así como invertir en infraestructura, las marcas y las tiendas especializadas pueden promocionar sus productos y dar facilidades de pagos en el momento de la compra. Por último, aunque no menos importante, los ciudadanos hemos de respetar la distancia de seguridad y ver en la bicicleta, el transporte más seguro y sostenible una vez termine el confinamiento.
 

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